Quise un dĂa hablar de amor, y un soneto
me tapĂł un dulce beso con la boca,
mas no eran labios ni beso, fue roca,
aquello que a mi corazĂłn dio el veto.
Mueren las piedras en este cuarteto,
y a quien no le interesa, juega a la oca
mientras tira el mundo porque le toca
a la suerte de algĂşn que otro terceto.
A quienes sĂłlo importa ser amados,
¿Qué más dará lo que piensen aquellos?
Si nunca por nadie serán juzgados.
Esos que por dinero rompen cuellos,
y a su planeta regalan los dados,
dedidme vos, de mar, ¿Qué sabrán ellos?
Mariona Miret